En Un Dia Como Hoy

20 de junio

20 de junio,1994 –Se reporta que los Beatle, Paul, George y Ringo trabajan en una nueva canción para ser incluida en su caja de música llamada Anthology. Lo hicieron por John Lennon y por los fans.

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Rockhouse, el mejor bar rockero de Honduras, localizado en la ciudad de San Pedro Sula.

LA HISTORIA DEL MEGAMETAL: SUDOR, PASIÓN Y BUTACAS INCENDIADAS. (PARTE I)

Las leyendas se tejen de grandes vivencias, de hechos notables y voluntades especiales.

Por eso es que el festival Megametal ya es una, porque sus creadores; la banda de Tegucigalpa, Delirium; aprendieron a convertirlo en eso,  ellos solos, sin que nadie les enseñara nada ni nadie les ayudara en nada.

Arrancaron la primera edición en 1992 con las uñas y abrieron una brecha para cualquier festival metalero en Honduras, porque antes de su evento; no se había erguido ninguno que estelarizara metal exclusivamente.

Toda esta locura que disfrutamos de festivales, los que ahora parecen abundar;  comenzó con el Megametal 92; todo se deriva de ahí, ese es el génesis de cualquier actividad de metal con más de dos bandas, en Honduras.



El Megametal ya es una tradición importante del metal centroamericano.

Hace siete años redactamos un breve reportaje del Megametal para nuestro website.

Pero yo sentía que esta tradición de metal hondureño, merecía todo un capítulo,  para que se pudieran abordar las anécdotas, los recuerdos, los sinsabores, los reconocimientos y hasta las aclaraciones.

Por eso les dejamos este pequeño tesoro de documentación histórica para todo aquel que se precie de querer o de respetar el metal catracho; porque es un trabajo prolífico y sumamente sincero,  hecho para todo aquel que se ha emocionado de asistir a un Megametal alguna vez.

En 1992, a Delirium Tremens se le ocurre hacer un festival llamado Megametal en un cine de la ciudad de Comayaguela,  en horas de la mañana de un sábado 4 de julio.

No tenían ni una grabación en su curriculum, casi no tenían presupuesto.



Logo original de la gran banda nacional que forjó la idea del festival Megametal en Honduras.

Que había detrás de esa decisión que incluyó a una banda que no era de metal?

Comenzaba a las nueve de la mañana en el Cine Centenario, en donde a inicios de los 70s se presentó José José, el Príncipe de la Canción ante un lleno total, acompañado por la banda Roar, que fue banda rockera un tiempo.

Un cine legendario fundado en 1958 conocido como “El Coloso” y manejado por un argentino.

1992 era la recta final del gobierno neo liberal de Rafael Leonardo Callejas, quien había llevado al país a una gran inflación y es el año en el que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya da una sentencia favorable a Honduras sobre el contencioso con El Salvador por una porción de territorio fronterizo.



Rafael Leonardo Callejas del conservador Partido Nacional, era el presidente en el año del primer Megametal.

La gente andaba indignada y frustrada por como se nos estaba subiendo el precio de todo sin ninguna razón justificada, después de haber vivido más holgadamente en la década de los 80s, y quizás ese estado de ánimo debe haber tenido en el Megametal 92, un mecanismo de detonación.

La entrada costaba cinco lempiras y la motivación de Delirium Tremens fue hacer un festival que apoyara y estimulara la creación de música inédita.

Muchas bandas de rock de ese tiempo tocaban más que nada “covers”, algo que se podía ver en los conciertos de rock del Instituto Salesiano San Miguel y Delirium quería cambiar eso de alguna manera.

Ellos mismos comenzaron haciendo eso, pero después de un tiempo; decidieron que tenían que existir exclusivamente para hacer música propia.



Entrevista de larga duración que le hizo a dos de los fundadores de Delirium Tremens sobre el Megametal.

No les causó miedo hacer su actividad y por ser “cipotones”, que es cuando más se tienen “agallas”; organizaron el Megametal 92 con todas las limitaciones que tenían.

Por ser la primera edición, aun no maduraban la idea de hacer un evento solo de metal nacional; pero porque El Pop, banda de rock pop sampedrana, componía música original y era muy popular en esos días; fue que la invitaron.

Trauma, que venía comenzando ya tenía sus canciones propias de thrash metal y por eso fue invitada.

Habian otras propuestas de metal para esos días, pero no estaban preparados aún.



Uno de los dos afiches realizados para el Megametal 92.

Orins para esos días, más que nada tocaba “covers” y aun no sacaban su cassette “Prisionero”.

Era una primera prueba para Delirium Tremens, pero fue un buen comienzo con todo y los inconvenientes.

Alquilaron el cine por unos mil lempiras y lo que les solicitaron fue que cuidaran el recinto; pero al final tuvieron que pagar daños y perjuicios, porque ciertos fans le metieron fuego a unas cuantas butacas.



El local que ocupó el Cine Centenario, sede del primer Megametal en 1992.

El sonido se los hizo el profesor Edgar Valladares de la banda Aries, querido entre los rockeros desde los 90s;  ya que el les salía accesible para el presupuesto con el que contaban.

Valladares les dio un sonido elemental, el básico, ni bueno ni malo, ya que en esos días, Delirium Tremens no sabía sacar su propio sonido.

Siendo principiantes, lo que querían más que nada, era subirse al escenario y tocar.

No importara que te pusieran el peor parlante al lado, a los músicos de rock principiantes de ese tiempo, les valía.



El sonidista del Megametal 92 fue Edgar Valladares Barahona. Aquí con Oscar “Yuca” Rodríguez, banda que tocó en los dos primeros festivales.

Aparte, no es como que había equipo de audio de donde escoger con el profesor Valladares y no existían compañías de audio en ese tiempo como las encontramos ahora.

Todo era empírico, señoras y señores.

El nombre de Megametal lo sugirió el guitarrista de Delirium Tremens, Rolando López, con la idea de que representara algo realmente grande.

El afiche de Megametal 92 lo hizo Fernado Lezama dibujado a mano con lápiz tinta; se le ocurrió hacer una especie de telaraña y le sacaron copias y las repartieron.

A ese primer Megametal habrán llegado por mucho, 300 personas, una cantidad que en esos días, valía muchisímo para Delirium y más siendo un concierto convocado para las 9 am.



Otro de los dos afiches del Megametal 92.

El primero en tocar cuando arrancaron a las diez de la mañana, fue El Pop y aunque no impactaron por su tipo de música en un nido de metaleros; fueron respetados y aplaudidos.

Algunos fans a esa hora llegaron con sus pachas de guaro sin esconderlas, porque no habían revisiones y un reconocido guitarrista de death metal,  me contó que el desde las 8 am, estaba en un estanco cerquita del Centenario calentando motores para entrar al primer Megametal.

Durante todo el evento, el olor a mariguana se sintió en todo el cine y algunos atrevidos hasta arrojaban los puros encendidos al escenario.



El Pop, gran banda de rock pop de San Pedro Sula invitada al Megametal 92 por tener su propia música.

Porque vimos esas actitudes como ser prender fuego a las butacas, fumar mariguana públicamente, entre otros exabruptos cuando tocaron Trauma y Delirium Tremens?

Para Fernando Lezama, guitarrista y máximo compositor de Delirium tiene que ver el tipo de época que vivíamos.

“Había mucha inconformidad con respecto al sistema oficialista del Partido Nacional que gobernaba y por eso esos chavos sentían ganas de romper todas las reglas y protestar además, por la imagen negativa que le querían adjudicar al rock en esos días.

Ese pequeño caos en el Cine Centenario de Comayaguela, fue pura rebelión.”



Fernando Lezama habla sobre las razones que habían detrás del comportamiento anti social en los dos primeros festivales.

La iluminación del Megametal 92 fue de lo más artesanal.

Contrataron a un sobrino de Rolando López, Tulio Quiroz,  que para hacerse de luces “hechizas”, usaba una plataforma de cartón que sostenía unos focos forrados en papel celofán de colores, que colocaba sobre el suelo.

Los focos estaban unidos y cada uno era rodeado con cartón pegado con cinta adhesiva y aunque el papel celofán se tostaba, no cobraba fuego.

Ese fue el modesto comienzo de una gran obra.



Focos de colores con papel celofán fueron las luces del primer Megametal.

Cuando Trauma se subió al escenario que era enfrente de la pantalla del cine, los músicos que tocaron ese memorable día fueron: Jorge Banegas en vocales, Abraham Amador en guitarra líder, Leo Alvarenga, segunda guitarra,  Roberto Andino en el bajo y Oscar “Yuca” Rodríguez en batería.

El repertorio de ese dia fue Muerte Sigilosa, Eterno en Sangre, Agonía (tema instrumental), La Noche y Jauría.

Oscar Rodríguez tocó con la batería de Tino identificada hecha en China.

Trauma al igual que Delirium Tremens, no tenía grabaciones aun en estudio; estaban “verdes” de verdad todos ellos, menos El Pop.



La alineación 1992 de Trauma que participó en el primer festival.

Con Trauma la raza comenzó a prenderse, porque tocaron con “hambre” y se llevaron una buena impresión de ellos definitivamente; fueron bien recibidos.

La batería de ese día en realidad eran dos baterías chinas armadas y unidas, una roja y una blanca, de dos bombos, uno rojo y otro blanco y dos tambores rojos.

Con esa tocaron todos los bateristas del Megametal 92 y el Megametal 93.

Delirium Tremens tocó más de una hora con Eduardo Landaverde en vocales,  Fernando Lezama en guitarra, Rolando López en guitarra, el recién llegado bajista Pedro Portillo y Alberto Martínez en batería.



Una borrosa y única fotografía que queda de la alineación de Delirium Tremens que hizo el Megametal 92.

Tocaron Burocracia, Hombres de Verde, Mente Encadenada, Celos,  Ríos de Sangre, etc.

Rolando tocó con una guitarra Kramer color crema, la que adornaba con calcomanías y adornos y le ponía un silbador en la punta y hubo una vez que le prendió un volcán a la guitarra para encenderlo durante un solo.

Le gustaba el show sin duda.



El guitarrista Rolando López sugirió el nombre del festival, quizás inspirado por la serie con ese nombre de la revista Kerrang.

Lezama usaba una guitarra Applause negro y plata que le compró al guitarrista ceibeño Mario Palencia, que el describe como “horrible”  y era su segundo instrumento.

Pero ese día solo andaba una guitarra y cuando se le rompió una cuerda, se vio en apuros y tuvo que pedir guitarra prestada rápidamente.

Pedro tocó con un bajo Ibañez rojo y con un corte tipo “mujer”según lo describen sus compañeros.



Pedro Portillo tenía poco tiempo de entrar a Delirium Tremens cuando se hizo el Megametal 92.

Ese día, a Landaverde a la mitad del toque, se le fue la voz y se decepcionó tanto que se fué a sentar encima de un parlante de bajo.

Esto pasó por la mala calidad del sonido y como no tenían monitoreo: Landaverde no se escuchaba a si mismo y el le estaba dando duro a la voz, se esforzaba más por no saber si estaba cantando lo suficientemente alto y era normal que le pasara eso.

Lo mismo pasaba con la batería de Tino.

Pero a pesar de esos problemas, la gente los recibió de lo mejor y se emocionaron tanto que unos cuantos en la zona de palcos, decidieron incendiar dos butacas y ahí no tenían seguridad los Delirium.



Fernando Lezama tocaba con una guitarra Applause plata y negra.

Pero como actuaron rápido, no se quemaron del todo.

Y es que el “fanbase” de Delirium Tremens ya había crecido porque desde que se estrenaron en el concierto de rock del San Miguel de 1990; comenzaron a tocar en El Barrilón, Backstreet, etc y eso los hizo darse a conocer bien.

Además Delirium Tremens recibía mucho apoyo de los programas de rock de Stereomil, Stereo Amistad y Suprema Stereo y eso les ayudó mucho a meterse en el gusto de la gente.

Pero no niegan que se preocuparon cuando vieron las butacas incendiándose, porque sabían que tendrían que pagar las consecuencias; pero siguieron tocando.



Tino Martínez contó que usó dos baterías chinas unidas, para que tocaran los bateros de los dos primeros festivales.

Obviamente les pasaron la cuenta de ese daño y se fueron sin nada de ganancias, porque tuvieron que pagar 2, 500 lempiras por cada butaca dañada, lo que dio un total de 5 mil lempiras.

La seguridad de ese día la brindaron unos cuantos amigos de la banda, cipotones iguales a ellos.

En ese tiempo, los Delirium Tremens no pensaban mucho las cosas, se trataba de hacerlas y ya.

Y por eso no le dieron mucha vuelta a los detalles antes de ese primer experimento, lo que les importaba de verdad era impulsar la música original.

Al final del día 4 de julio, 1992, sintieron que lo habían logrado,  a pesar de que no ganaron un cinco.



Eduardo Landaverde tuvo problemas con su voz por el mal sonido del Megametal 92.

A pesar también de que tuvieron mal sonido y un show sin gracia; pero aprendieron que si podían hacer algo como banda de metal.

Pero sabían que tenían que organizarse mejor, formar un equipo de trabajo y que no podían hacer todo ellos.

Ya 1993, fue un año decisivo para el rock hondureño y por eso era imperativo, necesario realizar otro Megametal, porque el apoyo en la radio se había incrementado en el país y no solo en Tegucigalpa y San Pedro Sula.

Era como si repentinamente se había puesto de moda, lo que antes no se escuchaba mucho en los conciertos de rock y había un interés mucho más grande por parte del público.



Stereo Amistad, la emisora capitalina que tenía libertad de promover el rock nacional,apoyó mucho el Megametal 93.

La radio ayudó mucho a que la gente se interesara más en escuchar rock hecho por nuestros artistas y el Megametal 93 sería una vitrina de lo que el metal parecía haber logrado en un año, debido a la presión de subirse al carromato de lo hecho en Honduras.

La radio sonaba a Delirium Tremens, El Pop, Diablos Negros,  Le Fou, Trauma, Europa, Orins, etc y se sentía el apoyo.

Delirium Tremens sabía que tenía que mejorar mucho el sonido, la seguridad, escoger solo bandas de metal, conseguir un local más espacioso y sin sillas, tratar de mejorar las luces; y así fue precisamente.

Pero lo mejor que se daba para que Megametal 93 fuera un éxito, era la época que se vivía.



El mítico Centro Social Universitario fue el local del segundo festival de Delirium Tremens.

Delirium escogió el Centro Social Universitario del barrio Morazán de Tegucigalpa para el Megametal 93, porque se dieron cuenta que el lugar era apto para conciertos grandes, ya que ahí hacían sus toquines, los grupos de merengue en sus tardeadas bailables.

La acústica del local era horrible, pero ellos en esos años, no le daban importancia a esos detalles; solo buscaban un lugar donde tocar y ya.

Ya para esos días Delirium tenía a Diego Navas como vocalista y habían grabado con él tres grandes canciones: “Cruz Blanca”, “El Elegido” y “El Psicópata” en el estudio de Gabriela Galvez, las que los dueños de programas radiales afines al rock,  sonábamos mucho.



Diego Navas entró a cantar a Delirium Tremens cuando era un jovencito lleno de talento, pero con algunas tormentas por dentro.

Eso le preparó la cama a Delirium Tremens más que cualquier otra cosa, según lo reconoce la misma banda.

La misma cosa sucedía con Trauma que tenía dos canciones que eran sonadas en la radio (Jauría y La Noche), esa fue la razón por la que volvieron a invitarlos.

Terciopelo Negro también fue invitado por hacer música original, a pesar de que no era muy sonado en la radio por no tener material grabado en estudio, solo en forma artesanal.

Y Orins ya había decidido tomar en serio su propia música y ya había grabado su cassette “Prisionero” en el estudio del baterista del grupo, Cristian Sierra y también estaban siendo muy sonados en muchas partes de Honduras.



Orins ya promovía bien su cassette Prisionero para el Megametal 93.

Delirium acota que solo hubiesen faltado en el festival, los Diablos Negros, que sin ser metal pesado, eran rock duro igual que Terciopelo Negro; que era la banda nacional más sonada en toda Honduras.

Pero optaron por invitar a Terciopelo Negro en vez, sin imaginar que su cantante Marvin Corea, dentro de poco dejaría a la banda para irse a cantar con su competencia, Diablos Negros.

Lo que creo que también incidió en esa decisión de Delirium Tremens, es que aunque ninguna de las dos bandas lo reconozca ahora; en esos años, había un cierto “pique” disimulado entre ambas agrupaciones, pero jamás tuvieron malas relaciones.

De todas maneras algunos de los Diablos Negros asistieron al Megametal 93, porque yo fui acompañada de dos o tres de ellos.



Aunque no invitaron a los Diablos Negros al Megametal 93, algunos de ellos asistieron.

Lo armaron para que se realizara el viernes 9 de julio, 1993 a partir de las seis de la tarde y tuvo un valor de 12 lempiras, siete más que el del año anterior.

El afiche de ese festival,  estuvo mejor que el del 92 y de nuevo volvió a ser hecho por Fernando Lezama a mano, haciendo un molde del afiche y le sacaron copias.

Pegaron los logos para que fuera como el “machote”  y rociaron de spray rojo solamente el logo del Megametal 93.

Luego con paciencia, aplicaron spray rojo sobre el logo del festival en cada una de las las fotocopias y esto se hizo en el garaje de Tino Martínez y luego se fueron con sus amigos cercanos a pegar afiches por la UNAH y el centro de Tegucigalpa.



El legendario afiche del Megametal 93.

Para esos días, Delirium Tremens ya se daba a conocer como una banda de metal combativa,  que decía la verdad en lo que interpretaba y eso ayudó a crearles una fanaticada respetable que los iba a ver a los conciertos de la banda.

En 1993,  aunque parezca difícil de creer: las propuestas de metal hondureño eran pocas y Honduras estaba como encajonada, como apartada del mundo en parte,  porque por la falta de acceso fácil y directo a lo que se hacía afuera, puesto que no había Internet, Youtube, Spotify, etc; los fans se aferraban a los pocos proyectos de metal y rock duro que tenían cerca.

Todo ese amor a la música nuestra era genuino, era sincero, porque ahora que hay tanta banda nacional y tantos medios para ver y escuchar rock, ya sea nuestro o internacional; ahora ya no es lo mismo.

El rock esta desvalorizado, independientemente de que los fans del metal nacional hayan crecido tanto en cantidad.



Los fans del metal en los 90s eran de los barrios pobres en su gran mayoría.

Pero son pocos los que de verdad aman a las bandas como los fans del metal de los 90s, las amaban.

Y esto no es solo mi opinión, sino que de los miembros originales de Delirium Tremens.

La seguridad y el sonido fueron mejores que los del 92, pero lo mejor de todo fue el “line up” de bandas participantes, y el rock nacional andaba en la boca de todos.

El audio lo hizo Disrocael ubicado en el Barrio La Ronda (lo que ahora es Axcess), bajo la supervisión de su propietario Julio González, el que por cierto grabó en un cassette el Megametal 93.



Julio González, dueño de Disrocael, fue quien hizo posible que se hiciera el Megametal 93.

Delirium Tremens esa noche le agradeció de corazón a Disrocael porque sin ellos, el festival no hubiese sido posible; y de manera especial a la banda de rock pop Fusión por haberles ayudado en todo sentido en la instalación del “backline”, pruebas de sonido y varios detalles más.

En el Megametal 93 no se usaron luces, sino que fuego cuando tocaban las bandas.

De nuevo, el sobrino de Rolando López, Tulio Quiroz,  les hizo el servicio de iluminación, pero esta vez fue muy diferente,

Tulio tomó varias latas de leche Ceteco vacías, les hizo un agujero en cada extremo, les conectó una manguera adherida a un tubo conteniendo alcohol etílico y todas las latas estaban enlazadas.



Tulio Quiroz, el luminotécnico de Delirium Tremens, el que con su ingenio, ayudó mucho a la banda.

El tenia un control que al oprimirlo; provocaba un corto circuito y automáticamente, las latas cobraban fuego y soplaba por la manguera y las llamas se elevaban.

Pura escena de “Conan El Bárbaro”.

La verdad es que el ingenio de la banda y de Tulio Quiroz ayudó también a que el mito que se construyó en torno al Megametal 93 y que fuera plataforma para todos los conciertos de metal nacionales e internacionales que se hicieron en ese cavernoso lugar.

Otro de los elementos interesantes del Megametal era que por primera vez se juntaron en un concierto del género en Tegucigalpa, una cantidad realmente grande de fans de todos los estilos y costumbres.



Aunque no se distinga casi, esta es una fotografía fija de cómo lucía el escenario del Megametal 93 con antorchas.

Entre las entre 800 y 1,000 personas que asistieron, se dejaron ver los personajes del subterráneo metal de los barrios y colonias capitalinas, que incluyó supuestos satanistas, mariguaneros, chavos bravucones, borrachos joviales, ninfas oscuras y por supuesto, el metalero y rockero promedio.

Yo era primera vez en mi vida que miraba esa colección tan grande de fans del metal de mi capital y algunos quisieron sacarme miedo haciéndome invocaciones raras,  ya que andaban pintados estilo black metal y después supe que esos pudieron haber sido los de la Mara Apocaliptica de la colonia Calpules.

Andaban todos de negros y con ese maquillaje en la oscuridad del Centro Social Universitario, se miraban fantasmagóricos.



El Centro Social Universitario se activó después para los conciertos del metal, como este de carácter internacional de música extrema.

También vi gente fumando mariguana libremente, chavos sin camisa buscando pleito, otros que se iban quedando con el torso “pelado” y después supe que esos eran la mara de Los Desnudos.

Jóvenes que al irse acalorando mucho en la revuelta, se quitaban la camisa,  otros los imitaban y terminaban gritando y dándose porras entre ellos.

Todos eran de diferentes vecindarios y era como una tendencia que se dio por esos días.

La cantidad de gente ebria era grande, las cervezas las vendían afuera en las pulperías y licoreras del barrio Morazán; adentro no había venta de alcohol, ni de refrescos, y yo calculo que comenzaron a beber desde las primeras horas de la tarde.



Esta licorera que antes tenía otro nombre; hizo su agosto el día del Megametal 93.

Los mismos miembros de las bandas, incluídos los Delirium Tremens, tenían que salir a comprar las espirituosas.

Vi a un par de chavas vestidas de brujas,  todas de negro en telas sedosas y botines que llamaban mucho la atención, porque eran las únicas que se vestían así y eran fans de Blasfemia, banda que venía comenzando.

La verdad es que fue un ambiente de euforia por el metal en vivo en un inmueble oscuro e iluminado por llamaradas en lo alto, pero también hubo problemas de violencia, y varios casos fueron serios; lo que también forma parte de ese mito.

Los problemas comenzaron antes, durante y después del Megametal 93, la gente se agarraba a golpes entre ellos, la violencia era la consigna.



Hubo gente que aparte de pachas de guaro, el que sabemos que nubla el raciocinio; metió cuchillos al local y hubo algunos que se rompieron botellas de vidrio en la cabeza.

En las mismas filas de Delirium Tremens fueron víctimas de la agresión física y del comportamiento antisocial.

Después de que la banda tocó “El Elegido” y “Cruz Blanca”, Diego Navas se acercó al cordón de seguridad en donde estaba Gustavo Kanaka, jefe de seguridad de ese día; quien le dijo que se quería ir a “echar” una “birria” y que si podía quedarse en su puesto mientras el iba a comprarse una.



Diego Navas, un gran artista que cantó ebrio pero lo hizo bien y pasó un momento amargo en Megametal 93.

Diego sabía que Kanaka había estado trabajando toda la noche anterior en la preparación del festival y por eso aceptó cubrirle el lugar.

En ese momento estaba tocando Trauma y Diego andaba ebrio y un “metalhead” que pasó por ahí, lo quedó viendo e insultó al cantante de puro gusto y Navas sin pensarlo, tomó el garrote que le había dejado Kanaka y se lo dejó ir en la cabeza al provocador.

A Diego se le vinieron encima los amigos del metalero y el solo se cubría de los golpes en el suelo y de alguna forma se resignó a su suerte, y lo patearon mucho y lo golpearon feo.

La versión de Federico Izaguirre del equipo de seguridad,  era que Diego se encontraba en el puesto de Kanaka compartiendo con la gente, pero que de repente vinieron unos chavos abrazados,  dando vueltas al ritmo de Trauma y al ver a Diego lo quisieron meter a su revuelta y este no quiso y que seguramente uno de ellos de gran tamaño, conocido como “Lomo de Perro” lo insultó porque no aceptó y despúes pasó lo que ya sabemos.



Gustavo Kanaka, jefe de seguridad de Delirium Tremens, le salvó la vida a Diego Navas.

Diego terminó con una mordida grande en el brazo izquierdo y solo recuerda que alguien lo tomó de la mano, lo haló con fuerza y se lo llevó a rastras rápidamente hasta el escenario y de ahí al baño, porque solo así lo salvaba de que lo siguieran golpeando hasta mandarlo al hospital o peor.

Gustavo Kanaka lo salvó de algo que pudo haber terminado terriblemente para el cantante de Delirium Tremens, siendo esa la última vez que cantó con ellos.

Esos hechos pasaron ese día según Delirium Tremens, porque el rock ha sido hecho siempre con una tendencia marginal y que lo que cantaban ellos,  era opio para los fans.

En esos días lo que más llegaba a los primeros Megametales eran jóvenes de los cinturones de pobreza de Tegucigalpa y ellos venían cargando sus frustraciones por la vida que nos toca vivir en nuestro país.



Federico Ramírez pasó momentos de gran tensión y trabajo duro en los dos primeros Megametales.

Ahora a Delirium los sigue mucha más gente de otro estrato social, porque la situación cambió y no porque lo hayan decidido ellos como banda, sino porque lo que escuchan ahora los jóvenes de barrios marginales es reggaetón.

En los 90s, los chavos de los barrios pobres escuchaban rock.

Ese día decidieron liberar su rabia reprimida o su tristeza escondida, de manera errónea en ese festival y se desahogaron.

Por eso fue que la policía, que quedaba muy cerca del local; llegó al recibir una petición de seguridad de parte del guitarrista Rolando López, pero se tardaron en llegar porque el oficial de turno, no pasó la solicitud a la patrulla y arribaron poco antes de que terminara el evento.



El guitarrista Rolando López, el más disciplinado de los Delirium; fue quien hizo la denuncia a la policía.

Se llevaron presos a los relajeros que estaban peleando en plena calle que eran unos metaleros de la colonia San Miguel versus otros de la colonia Suyapa.

Pero que pasó con la seguridad de la banda que no pudo poner orden?

Simplemente porque al evento llegaron más personas de las que esperaban y Delirium Tremens colocó solo a siete miembros del equipo de seguridad y no se dieron abasto y las cosas por ende, se les fueron de las manos.

Federico Izaguirre y Gustavo Kanaka se encargaron de sacar del local gente muy golpeada, de dos en dos, producto de las peleas dentro del local y estaban de “correr”, porque se suponía que tenían gente de apoyo cuidando los baños y nadie lo hizo y algunos fans se metieron a destruirlos,  porque le dieron rienda suelta a su loquera.



El guaro entró sin ninguna restricción a los dos primeros Megametales.

En el Megametal 93, la gente se agarró a golpes, se amenazaron con cuchillos, quisieron entrar sin pagar a empujones, quebraron baños, atacaron con cólera al cantante de la banda anfitriona, fumó mariguana, se emborrachó a lo loco; perolos que asistieron; lo recuerdan con cariño y nostalgia.

La gente armaba caos, pero lo hacía motivado por la música.

Tres de los miembros de la seguridad de ese dia de Delirium Tremens,  son el ahora licenciado en Derecho, Gustavo Kanaka, el ejecutivo de una agencia de renta de carros, Federico Izaguirre y el ya desaparecido uruguayo, Leo Kennedy, al que le decían el “manager” por cariño y ellos recibieron apoyo de unos pocos amigos de las bandas participantes.

Terciopelo Negro fue el que abrió el concierto ese día cuando aun no caía la noche en Tegucigalpa, y estuvo conformado por Marvin Corea en vocales, Guayo Carranza en el bajo y los super talentosos hermanos ceibeños, Guayo y Carlos Cedeño en guitarra líder y batería.



Algunos de los miembros de la banda de rock pop Fusión que trabajaban con Disrocael; fueron de valiosa ayuda en el Megametal 93.

Terciopelo Negro estuvo muy bien, porque eran una banda con mucha energía y actitud y fueron muy bien recibidos.

Tocaron una hora y se supone que como ese día fue la noche de las “power ballads” del metal hondureño;  se dice que Terciopelo Negro tocó “Hojas Secas”, ya que había sido sonada en Stereo Amistad con una grabación casera hecha por Marvin Corea y no querían dejar de hacer lo suyo.

Quizás no eran muy sonados por la radio, pero Terciopelo Negro le gustó a la raza y fueron una excelente banda de introducción.

La bulla de ese dia en torno a Terciopelo Negro fue que algunos metaleros conocedores, quedaron impresionados con el baterista de 14 años de La Ceiba, Carlos Cedeño, porque no podían creer que siendo un cipote, manejara tan bien el doble bombo y que tocara tan potente y sincronizado.



Terciopelo Negro fue muy apoyado por la gente en Megametal 93, a pesar de no tener tanta difusión radial como las otras bandas.

Su hermano Guayo, un guitarrista fenomenal, ese día no llamó tanto la atención como su hermano, pero junto con el gran bajista que es su tocayo Carranza, le dieron altura al Megametal 93 a pesar de ser los primeros, sin dejar atrás a su cantante Marvin Corea, con su voz determinante y convincente presencia escénica.

Terciopelo Negro considera que ellos eran más pesados que Orins, por estar fusionando el rock duro con el speed metal melódico y que debido a eso, podían armarla con cierta facilidad, a pesar de ser los menos conocidos.

Por eso opinan que deberían de haber sido los segundos, porque sonaban más fuerte que los Orins, quienes no obstante, tenían influencia de Iron Maiden.

Terciopelo Negro estrenó su música inédita en su mayoría en el Megametal 93 como ser “El Camino”, “Katy Lisbeth” y “Toque Mágico” y cuando los Delirium vieron su empuje; confían en que comprendieron, que deberían haber dejado a Orins de primera banda.



El baterista de 14 años, Carlos Cedeño fue la sensación de los bateristas en Megametal 93.

A pesar de tener una balada igual que las otras bandas participantes; no tocaron “Hojas Secas” ese día, la que había recibido cierta difusión radial como grabación casera la que se pasaba por Stereo Amistad.

La balada, original de Marvin para Terciopelo Negro; fue captada en cassette por la banda a través de una grabadora Sanyo, propiedad de Carlos Cedeño, que tenía en su cuarto de su casa de la colonia Kennedy.

La canción que recibió más difusión en la radio fue “Toque Mágico”, la que grabaron durante un ensayo en Estudio One con un sonido aceptable y esta fue la que gozó de más atención por parte de los dueños de programas cuando entrevistaban a la banda y a veces en la difusión normal de la radio.

Carlos Cedeño se dejó ir un solo de casi cinco minutos en una de las canciones y se lució.



Por esas gradas los metaleros capitalinos subieron para disfrutar de toda una aventura musical en 1993.

A los Terciopelo casi les va mal también, porque al final del festival;  al querer salir;  había un pequeño grupo de gente esperando para golpearlos.

Se tuvieron que quedar en el local,  porque no querían ser apaleados y les dijeron que eso era porque el vocalista de Trauma había golpeado a un fan que lo había estado molestando desde el público y no le hizo caso cuando le dijo que se callara.

El chavo y su raza, querían desquitarse con todos los miembros de bandas.

Y otros les dijeron que un grupito de gente andaba tan drogada que querían hacer una especie de rito violento, algo para darle la bienvenida a las bandas,  dentro de su círculo.

Con ese tipo de razones, uno puede imaginarse el estado anímico que andaban esos jóvenes bajo la influencia y la inmadurez con la que actuaban sin que les importara para nada.



Megametal 93 inmortalizado en madera por los hermanos Gabriel y Evianney Rodriguez de San Lucas, El Paraíso.

Pero no solo yo fui testigo de supuestas manifestaciones de satanismo en el Megametal 93, que obviamente eran puro show, un innato deseo de querer impresionar.

Carlos Cedeño igual fue abordado por uno de esos personajes que deseaban a toda costa, que supiéramos que eran del lado oscuro.

Durante la prueba de sonido de Terciopelo Negro, había un chavo llamado Moisés que el conocía y un chavo extraño, que se acercó a Carlos mientras estaba esperando comenzar a ensayar y lo saludó.

Le comentó que su maestro le pidió que le dijeran que tocaran su canción que era “Toque Mágico” y que su maestro era el diablo y Carlos solo le dijo que estaba bien, que iban a tocarla y el chavo se alejó haciendo una señal rara.



Orins se lanzó a la fama en el Megametal 93 por su excelente participación.

En segundo lugar tocó Orins con la alineación que se hizo archi reconocida porque fue la que grabó “Prisionero”: Evelio Banegas en vocales, Alex Castro en guitarra líder, Martín Hernández en el bajo y Cristian Sierra en batería.

Fueron aclamados porque tocaron las canciones de “Prisionero” a lo largo de una hora y fueron muy bien acogidos por la gran recepción que estaban teniendo en la radio y hasta en la prensa local,  a través de mi suplemento A Todo Vólumen de diario El Heraldo.

Los Orins se escucharon muy bien,  según Delirium Tremens y más al calor de las cervezas que ya se habían comenzado a tomar desde que tocó Terciopelo.



Orins a partir del 93 se tornó de verdad en un gran representante del metal inédito hondureño.

No había “backstage” aun para las bandas de metal en Honduras, ni siquiera una neverita con hielo para mantener frías las “brutas”; todo se compraba fuera.

Orins ya se unía al carromato de bandas de metal hondureñas que deseaban darse a conocer por sus propios temas musicales y esa noche entendieron la importancia de su decisión.

Luego entró Delirium Tremens, ante los gritos y silbidos de los rockers, rodeados de las llamaradas,  que los hacían verse de verdad fuera de serie.

La banda ensayó mucho, pero su única expectativa era sonar mejor que el año anterior; no tenían expectativas altas.



Delirium Tremens entregó todo en el Megametal 93.

Tampoco ayudaba que Diego Navas y Fernando Lezama tocaran muy tomados, pero esos eran sus primeros años en el tobogán del metal y los lobos todavía no los devoraban.

Esa noche tocaron “El Psicópata”, “Puerta al Infierno”, “La China”, “Cruz Blanca” en la que la entonces novia de Navas, la futura presentadora televisiva y locutora radial, Gabriela Bonilla, se subió a cantarla con el; “Hombres de Verde”, “Burocracia”, “Delirium Tremens”, canción que después desecharon y si hay otra más en el repertorio, no la recuerdan.

Tino Martínez le da un 6 a la ejecución de su banda de esa noche y Lezama, un 8.

La gente los recibió con todo y ellos a pesar de todos los inconvenientes, el calor, los nervios de que ahí se desatara una batalla de Troya; salieron adelante y se escucharon bien y fueron aclamados.



En este recinto, se desataron diversos tipos de locuras durante el Megametal 93.

Claro ninguno imaginaba lo que le pasaría a Navas minutos después de que terminara su toque y subiera Trauma al escenario, que eran los últimos.

Trauma tocó mejor que en el Megametal 92 y lo hizo con la siguiente alineación: Jorge Banegas “El Perro”, Javier Fiallos, guitarra líder, Leo Alvarenga, segunda guitarra, Fernando Martínez Lozano, bajo y Oscar “Yuca” Rodríguez, en la batería.

Los Traumados, respaldados por una aceptable difusión radial;  tocaron con muchas ganas y prendieron a la gente con seis temas: “Muerte Sigilosa”, “Eterno en Sangre”, “Jauría”, “Espectro”, “La Noche” y “Estigma” y “Conflicto”.

Jorge estuvo azuzando a la gente para que se revolviera, diciendo que parecían mujercitas, que pareciera que estuvieran dormidos e incluso para una de las canciones anunció: “Bueno, vamos a seguir con un poco de violencia!”.



Trauma armó gran macaneo thrash en el Megametal 93.

Quizás estas sutiles provocaciones, no hayan sido necesarias, considerando el nivel de adrenalina y agresión que había ya en el ambiente; supongo que fue para hacer más candente la hoguera musical.

Esa fue la noche de las power ballads hondureñas que se venían impulsando con fuerza en la radio y ya eran parte del colectivo de almas metaleras hondureñas.

Se podría decir que el Megametal 93 fue como una competencia abierta para ver quien demostraba tener la balada más apoyada por los fans.

Orins con su “Niños Bajo la Lluvia”, Delirium Tremens con “Cruz Blanca” y Trauma con “La Noche”, todas grabadas ese mismo año.



Reconocimiento a Niños Bajo La Lluvia de Orins 24 años después de su estreno.

Dicen que la más cantada fue la de Orins, yo no me acuerdo casi, pero que se iban a imaginar que 24 años después;  esa canción se iba a usar como parte de la música de una película hondureña sobre los niños de la calle y que tendría su video profesional?

Pero si recuerdo que Jorge “El Perro” anunció “La Noche”, le agradeció a Ludwin López, amigo de “Yuca” Rodríguez, por haber escrito la letra y de manera sarcástica la dedicó “a todas las nenas que andaban ahí.”

Oscar conoció a Ludwin cuando trabajó para la compañía teatral Ekela Itza y este le mostró unos poemas que escribía y tenía uno llamado La Noche que le gustó mucho a Trauma.

Oscar inspirado, le compuso la música y le pidió a Javier y a Leo que solos quería y cuando debían llevar distorsión y cuando no; acomodaron la letra bien y así nació una de las baladas rock más amadas de Honduras.



Trauma demostró que estaba hecha de garra en el Megametal 93.

A Trauma lo recibieron excelentemente y sintieron la adrenalina correr, con total energía se metieron en su “performance”, que por cierto fue el debut en vivo del bajista Fernando Martínez Lozano, el que según sus compañeros, estuvo espectacular.

Aunque el único que no sintió eso, sino ganas de morirse, fue el baterista Oscar “Yuca” Rodríguez, el que demostró tener una resistencia de competencia olímpica.

Oscar andaba muy enfermo con dengue clásico y sacó fuerzas de flaqueza para cumplirle a Trauma, a Delirium y a los fans; pero su sacrificio fue tan grande con su cuerpo, que al nomás terminar el show, estaba sentado frente a la batería, solo se fue para atrás y se desmayó y fue llevado directamente al Hospital Escuela.

Ese es un trooper.



Oscar Rodríguez “Yuca” resistió hasta el final como dice Barón Rojo.

A pesar de los sucesos macabros o raros que se dieron en este festival fuera de serie en la historia de nuestro país, un evento irrepetible y único; el público cuando puso atención a la música en vivo; apoyó calurosamente a todas las bandas, las que se entregaron a hacer lo que ensayaron bien para hacer para ese día, con los limitados recuersos con los que se contaban, que como fuera; eran un avance del raquítico comienzo de 1992.

Los chavos de Delirium Tremens se fueron directamente a sus casas después del show, tras cargar sus instrumentos y guardar las cosas.

Ellos no hicieron “afterparty”, eso no existía.

Y tampoco las hacen ahora; lo más que se les saca es que lleven al “staff” a comerse un arroz chino después de un concierto y ya.



Promoción que le saqué al Megametal 93 en A Todo Volumen de El Heraldo.

La grabación que hizo Disrocael del Megametal 93 se le pasó a una persona que hacía grabaciones “pirata”, la que hizo un buen tiraje y lanzó el festival completo en un cassette titulado Megametal 93, que se vendían en la zona peatonal de Tegucigalpa, alrededores de la Isla y en los puestos de música clandestina de los mercados.

Por eso me dio risa cuando hace un tiempo vi que una de las personas que subió partes del Megametal como audio a Youtube, lo anunció como que era la primera vez que ese festival salía a la luz pública y eso no es cierto.

Desde 1993, esa grabación ha andado rebotando y solo faltaba que alguien inventara algo llamado Youtube para que se hiciera ya reconocido a nivel masivo.



Fernando Lezama dio conclusiones reveladoras sobre los sucesos destructivos de los dos primeros festivales.

Delirium Tremens tuvo que pagarle daños provocados por los revoltosos en los baños a la administración del Centro Social Universitario y lo que les quedó, fue para pagarse el disco debut “Delirium” al año siguiente en el estudio de la sonidista Gabriela Gálvez, ya con la participación de Francisco Javier Morales “El Chino”.

El que por cierto ya se pasaba metiendo en los ensayos de Delirium Tremens, que los tenía un poco fastidiados, porque no podían platicar de sus asuntos en privado.

Era fan de la banda y amigo de Rolando López y no dejaba de llegar a verlos.



En esta calle, la policía capitalina hizo recogida de metaleros revoltosos en el Megametal 93.

Y ya después se tardarían una década en retomar su evento.

No saben porque se descuidaron en ese sentido; piensan que se tomaron muy en serio lo de componer mucha música y presentarla en vivo, en sus propias palabras: “no nos quisimos meter a “pedos”.”

Pero en esos diez años, se redujeron el nombre a Delirium, grabaron tres discos de estudio “Delirium”, “Xibalbá” y “Abismo” con dos cantantes post Diego Navas y el mismo año que retoman el Megametal en el 2003, lanzan un doble álbum en vivo.

Pero lo volvieron a hacer por la imperiosa necesidad de tener un festival de metal nacional, puesto que tampoco existía uno.

Y será en la segunda parte en donde hablaremos de la nueva era del Megametal organizado por los gallos de Delirium.



La mayoría de los fans de Delirium Tremens eran de origen humilde en los 90s.