En Un Dia Como Hoy

20 de julio

20 de julio,1968-El segundo album de Iron Butterfly 'In-A-Gadda-Da-Vida', entró al desfile de mejores albumes pop de EEUU por primera vez. El album contiene la canción título de 17 minutos que llenaba el segundo lado del LP, que llegó a vender más de 4 millones de copias solamente en EEUU.

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LAS NOTAS DEL APOCALIPSIS SONARON PARA EL SALVADOR

Cuando supe que Slayer visitaría Centroamérica por segunda vez en abril, 2017; me sentí contenta, porque deseaba de verdad verlos de nuevo y bajo otras circunstancias.

Mi primera vez fue siete años atrás en Graspop Metal Meeting 2010 en Dessel, Bélgica bajo una temperatura de 40 grados directo en el cerebro, con una enorme sed ya que no podía moverme de mi lugar para no perderlo y me había perdido una canción y media de ellos por estar haciendo cola infructuosamente para conseguir un autógrafo de la diosa del metal, la alemana Doro Pesch.

Cuando llegué a ella, la persona que iba delante de mí, fue la última en ser recibida y sentí ganas de llorar.



Mi primer show de Slayer fue en Graspop Metal Meeting 2010.

Y por eso llegué un poquito tarde a ver el show de Slayer que estaba a la par de ese local donde hacía fila para Doro.

Lo disfruté mucho a pesar del inmenso calor y la sed, andaban en promoción de “World Painted Blood” y pude ver a la alineación idónea que ha tenido Slayer.

Una vez que conseguí mi acreditación con Two Shows Productions de El Salvador; me dije que esta vez si se me haría mi segunda vez de verlos, puesto que en su primera visita a la región en el 2011, no pude asistir.



Afiche de Slayer en El Salvador por primera vez.

Me encantó totalmente que la banda decidiera visitar la hermana república salvadoreña, puesto que para mí, ellos ya son un referente del metal mundial, desde que tuvieron el concierto de rock más célebre de su historia, al tener a Iron Maiden por primera vez en el 2016, y bajo la responsabilidad de la misma productora.

Me imaginé a las hordas de metaleros de cuatro países diferentes, quizás de cinco, si incluimos a Belice; juntando dinero para no perderse esta cita con el Angel de la Muerte, con estos veteranos Jinetes del Apocalipsis tatuados, que sin duda, sería la primera vez para muchos de ellos; ya que esta vez tendrían un destino menos complicado al que llegar, para presenciar su ritual de thrash speed metal.

Y no habría guerra de botellas entre graderías y VIP como sucedió en el 2011 en el estadio Saprissa de San José de Costa Rica, ya que las medidas de seguridad para el concierto salvadoreño,  eran sólidas.



Two Shows Productions hizo un sondeo antes de decidirse a traer a Slayer.

Pensando en las diversas bandas de thrash metal que han surgido en Honduras en los últimos años, o en las que ya están establecidas; imaginé como muchos de ellos harían la lucha para no perderse a estos titanes del Big Four, ahora que les quedaba más accesible en todo sentido.

Es que era una cita sagrada para el thrash centroamericano.

Pero llegaron miembros de bandas de todo tipo de metal.



La noticia de la llegada de Slayer se regó como pólvora en los medios salvadoreños.

Como podían perderse el show de una banda tan potente cuyo clásico “Angel of Death” era sonado en parlantes gigantes por pilotos gringos durante la Guerra del Golfo, para atemorizar a sus enemigos?

La banda cuyo clásico “War Ensemble” fue la canción más sonada en los audífonos de pilotos y soldados estadounidenses, para fortalecer su temple, en esa misma guerra?

Y la banda con la que un gran fan de de Slayer de la Florida,  retó al devastador huracán Matthew, sonando “Raining Blood bajo la lluvia en la calle, con el torso desnudo y con la bandera de su país?



La prensa escrita se pulió con la promoción de Slayer.

Es que realmente, escuchar a Slayer es como prepararse para ir a un campo de batalla, no solo por su estruendo, sino porque sus fans tienden a poseerse por una sensación de saludable frenesí que se traduce en movimientos alocados, valor (de algunos) para meterse al “mosh pit” endiablado, despojarse de las camisetas (de algunos)  y de gritar como desquiciados.

Si, es energía pura y locura colectiva.

Y cuando supe que la fantástica banda de death metal Dreamlore, para mí la más sólida y completa de la región; sería el telonero; pensé que ese concierto era completo.



Dreamlore fue un muy digno telonero de Slayer en El Salvador.

Recuerdo que leí que el mero mero de Two Shows Productions de El Salvador, Mario Villacorta, había manifestado en entrevista radial, que si el público rockero salvadoreño se comportaba y demostraba tener cultura; ellos seguirían trayendo bandas como Slayer, puesto que ya habían tenido la previa experiencia con Iron Maiden y había sido un éxito total.

Pero estaba claro que esperaban orden y respeto,  aunque se levantara el sonado “Death Wall” que Dreamlore venían anunciando con bombos y platillos, que deseaban levantar con los fans de los diferentes países.

Y no es para menos, es lo que se espera de una comunidad que se queja permanentemente de ser la que menos atención recibe por parte de los productores de eventos musicales y la que más discriminación recibe de la sociedad.



La prensa escrita salvadoreña apoyó a Slayer antes y después del concierto.

Que pesar que no todos entienden esta consigna porque aunque no hubo la pelea de botellas que hubo en el concierto tico de Slayer del 2011, hubo otro incidente feo en el Cifco, que demostró que una parte de la comunidad metal aun no tiene la total madurez para asistir a un concierto con artistas de este nivel.

Y mientras esas ovejas negras continúen haciendo daño; los que pagaran los platos serán todos los fans del género y eso obstaculizará la traída de bandas de metal igual o más populares que Slayer.

Porque siendo honestos ¿qué productora se va a arriesgar a invertir muchísimo dinero en organizar conciertos del nivel de Slayer o Iron Maiden, si sabe que puede sufrir pérdidas por el comportamiento de algunos antisociales que solo porque anden de metaleros, no muestran diferencia con otros elementos nocivos?



Las excursiones vinieron de tres países diferentes. Esta fue una de las guatemaltecas.

Y lo digo claramente y sin tapujos, porque el concierto de Slayer, aunque fue un éxito en asistencia, sonido, luces, y no digamos espectáculo por parte de las dos bandas contratadas; se dio un incidente indeseable del que hablaré más adelante y que puede poner en precario, el futuro de los conciertos de metal en El Salvador.

Y siempre son unos cuatro o cinco los que provocan problemas y son siempre locales, pero por ellos, se le levanta reputación negativa al fan del metal en general, lo cual es injusto.

El concierto de Slayer traía excursiones y viajes independientes de fans de la banda de Guatemala, Honduras y Nicaragua, y quizás hasta de Belice, que últimamente se involucra en la corrida metalera, a juzgar por lo que pasó en la Metal Batalla Wacken Centroamérica 2017 en Ciudad Guatemala.



La llegada de Slayer hasta motivó a hacer un foro radial sobre la banda.

Two Shows puso a la venta 4,374 boletos a precios de $55, entrada general y $95 Platinum y considero que se deben haber vendido la gran mayoría.

Previo al evento los programas de rock salvadoreños hicieron unos cuantos especiales de Slayer y hasta hubo un foro de la banda en el que participaron varias figuras reconocidas de los medios hablados de línea rock del país.

Sin contar entrevistas hechas por radio y prensa escrita al guitarrista Kerry King, rifas de boletos a través de promociones, etc.

También hubo una vigilia “pre Slayer” en bar Medieval con varias bandas.



Una página religiosa presumiblemente falsa, levantó memes hiláricos por la llegada de Slayer.    (podes quitarle los bordes blancos a la foto, por favor??

Observé que debido a la sonada fama de satánico que tiene Slayer no faltó una página en facebook, que estoy segura es “pura jodarria”; que se dedicó a enviar mensajes con fotos aconsejando a los metaleros arrepentirse en el seno de esta iglesia y que no fueran a ver a Slayer, porque eran emisarios del Oscuro.

Los carteles de advertencia eran tan exagerados, que no resulta difícil sospechar que el que los elabora solo desea divertirse un poco y burlarse directamente de las actitudes tradicionales de la iglesia evangélica y de las sectas más que nada.

Y bueno, no quiero ni pensar que hubiese pasado si Slayer tuviera deseos de explorar nuevo mercado en Honduras, como parte de su gira latina “Repentless”.



Los hondureños llegaron a varias excursiones al concierto de Slayer.

Aquí ni siquiera el papeleo los hubiesen dejado hacer, porque se ha dado una cacería de brujas recientemente en la la plaza del metal internacional entre aquellos grupos que son tildados como relacionados con el satanismo y la violencia, que ha traído pérdidas cuantiosas a productores por conciertos cancelados, campañas de desprestigio de cierto periodista en contra de esta música y una gran animadversión entre los metaleros catrachos.

Y la verdad es que Tom Araya no puede ser satánico, porque es un católico tradicional y no practica esta tendencia tampoco; y ha dicho varias veces que las letras se hacen más que nada por causar controversia y shock y llamar la atención.

Y aunque no se que clase de credo practicaba el desaparecido guitarrista Jeff Hanneman, que es el autor de tantas letras de Slayer y desconozco lo mismo en el guitarrista y líder de Slayer, Kerry King; lo que si se es que esta es una banda que a pesar de todos los aderezos controvertidos que lleva en sus artes y en su contenido lírico; no es una banda que excita a los fans a hacer nada a favor de las ciencias ocultas.



Los memes sobre la llegada de Slayer a Sivar no pudieron faltar.

Lo que en resumen considero que Slayer intenta es liberar el pensamiento y romper con yugos tradicionales que no ayudan al ser humano a desarrollarse.

Si eso es sacrílego, pues eso es lo que hace Slayer.

Me estrené una camiseta diseñada especialmente para mujer adquirida en Rock & Tees de Tegucigalpa y me fui con nuevos conocidos y el colega Johnny González de la radio online Conexión Rock HN al anfiteatro del Centro de Ferias y Convenciones Cifco, en donde ya he visto a otros grandiosos artistas.



Johnny González de Conexión Rock Hn y yo, fuimos a reportear el gran concierto de Slayer a San Salvador.

En las afueras del Cifco, los vendedores de camisetas salvadoreños y guatemaltecos desplegaban sus cotizadas prendas con diferentes diseños tradicionales de los discos o emblemas de Slayer, pero las más prominentes eran las dedicadas a la gira latinoamericana 2017 de la banda, que comenzaba cabalmente en la nación cuscatleca.

Los clientes por supuesto no se hacían de rogar y compraban la camiseta más cercana a su gusto o a su bolsillo, y al igual que vimos con Metallica y Guns & Roses recientemente, vimos también pañuelos, bufandas, sudaderas, gorras, entre otros accesorios “slaytánicos”

Pero lo que más se miraba en los puestos de comida y bebida afuera del Cifco, era a los fans comiedo y tomando cerveza entre otros elíxires, puesto que adentro las cervezas son más caras y no se dejarían ingresar alimentos.
Algunos lo hacían socialmente y otros para “calentarse” mucho más y vivir la música de la banda más “intensamente”.



Frente a las atractivas camisetas de Slayer que se manufacturaron para este histórico evento.

Las puertas se habían abierto desde las 6 de la tarde y al ingresar los fans aprovechaban para tomarse fotos frente al rótulo gigante de la calavera con casco de soldado, el más reciente emblema de Slayer, colocado unos pocos metros antes de la entrada al área de Platinum.

Tras reunirnos con la licenciada Ana Quintanar de Two Shows en el sitio indicado, al que llegaron diferentes medios escritos y hablados de la capital salvadoreña; nos entregaron nuestros brazaletes de prensa adheribles y nos condujeron a un balcón colocado un poco alejado de la derecha del escenario, y que tenía a la pantalla gigante enfrente.

Cambió la modalidad de tomar las fotos del grupo, que consiste en que durante las tres primeras canciones, te permiten colocarte al frente de la banda, justo delante de la seguridad para poder tomar tus fotos de cerca, independientemente de la cámara que andes.



Con la ejecutiva de Two Shows Productions, Ana Quintanar, a la que le agradezco su confianza.

Two Shows no obstante, nos permitió estar durante todo el show de Dreamlore y durante cuatro canciones de Slayer.

Teníamos suficiente espacio para que colocarnos todos y tiempo suficiente para sacar tus tomas

A las 8:40 de la noche, tras apagarse las luces;  arrancó el esperado set de los consentidos del metal guanaco Dreamlore, que desde el primer instante, reventaron en pura adrenalina, porque los chavos se prepararon mucho para lo que el guitarrista José Manuel Revelo: “este es el toque de nuestras vidas.”



Parejas de metaleros salvadoreños no fallaron a la cita con Slayer.

Su fenomenal cantante, José Roberto “Palillo” Burgos, uno de los “front man” más aclamados de Centroamérica; se desató en sus característicos brincos, correteos y dominio del micrófono frente a una audiencia que los abrazó desde el comienzo, con todo el apetito que tenían de hacer correr su sangre metalera.

Dreamlore comenzó su letal ataque con el intro “Manifestations of Delusion” de su gustado disco “The Machinery of Misery”  del 2013 y de un solo prendieron a la gente.

Con un sonido a la altura y todo el dinamismo que debe tener una banda profesional, Dreamlore luego entró de golpe con “Black Plague Possessed” de su disco del mismo nombre del 2009 y me impresionaron la solidez de su guitarra y la contundencia de su sección rítmica.



El grupazo de death metal salvadoreño Dreamlore, enseñó como pega botones en vivo.

Dreamlore bañado por luces moradas y azules combinadas con blancas, parecía un tigre suelto en una plaza llena de gente y luego con luces rojas terminaron su primera canción completa de la noche, la que fue reconocida por todos, puesto que aparte de ser super rítmica, posee un excelente video rodado en una galería abandonada en el que “Palillo” interpreta a un enfermo mental escapado del manicomio.

Inmediatamente se dejan ir con la genial “Eve of Armageddon”  del 2009, rodeados de humo seco y la gente los recibió con ganas, puesto que es otra de las canciones más pegadas de la banda, y que también tiene su video hecho por 8 Mílimetros rodado entre fuego, paredes empapeladas de diarios y restos de tierra en lo que parece ser un derrumbe.

Los gritos de Palillo contagiaron a todos, y sobre todo cuando levantabe el puño convocando a la acción y era el único que lucía la camiseta de su banda, los demás, optaron por camisas de abotonar negras y gris oscuro o camisetas oscuras.



Dreamlore interpretó varias de sus canciones más representativas, varias de las que cuales.  tienen video.

Tengo que reconocer que Two Shows le dio un trato digno y de altura a su banda local, porque no escatimaron en luces ni en el sonido necesario,  para que la banda guanaca probara porque es la mejor de la región.

No recuerdo en que momento fue que Dreamlore empezó a saludar a todas las delegaciones de metaleros visitantes y a sus paisanos, algo que hizo que se sintiera que era una hermandad de verdad.

La gente ya armaba el moshpit con las rolas de Dreamlore, una banda fácilmente combustible para poner a arder cualquier recinto.

Luego vino “Never the Prey”, otra poderosa canción de su disco del 2013 y el slam dance de nuevo se dejó venir, y todos sentimos el martilleo de la batería de José Salomón “Chepe”, calvito igual que nuestro compatriota Tino Martínez, baterista de Delirium.

La respuesta del público complació  a la banda que debe haber sentido que era “mera verga”, expresión que usan a veces para describir la admirable interacción que tienen con su raza.



José Roberto Burgos es un “frontman” de total respeto.

Probablemente como era un público mixto, no solo salvadoreño; no se desató la locura que esperaba Dreamlore, pero eso no quita que el telonero mantuvo encendido el espíritu del Dios Metal en casi todo momento.

La cuarta canción, la increíble y metrallante “Breathe Fire into the Terror” del 2013 también, la que también tiene su video profesional y que me parece que tiene una pizquita de los toques de Iron Maiden y de Megadeth en el intro de la misma;  cayó fuerte en el ambiente y me fijé que es fácilmente cantable, porque el coro es contagioso.

La bajeada de la misma también es infecciosa y quizás eso hizo que Dreamlore se apoderara totalmente de su momento estrella bajo los reflectores.

Tenían que demostrar porque son dignos invitados especiales de Slayer.

Esa noche Dreamlore “desvirgó” su más reciente sencillo “Worse than the Worst”, a la que yo le encuentro influencia de Megadeth en algún lado, y bajo luces rojas y negras intermitentes; la banda ya apoderada del escenario totalmente; cayó con furia.



Centroamérica entendió porque estos cuscatlecos son los mejores.

Las guitarras rapidisímas de José Manuel Revelo y Julio Rodas se escucharon impecables, así como su super compacta sección rítmica y la canción se impuso con todo.

Sin esperar, porque su tiempo se acababa, Palillo anunció que deseaba que se abriera el mar de la violencia, ya que con esa se iban y tras maldecir al público, como todo un entrenador de futbol comenzó a darle instrucciones a sus jugadores como debían colocarse para participar en el “Wall of Death” centroamericano, mientras las guitarras se distorsionaban rico y las luces parpadeaban.

Eso se logró con la última canción, la estremecedora “Silent Assasin” del 2009, y aunque en efecto se armó bien; quizás porque no había tanto espacio en la zona Platinum o por algo de timidez en algunos; no fue lo que esperaba la banda.

Pero así es como se entrena a los soldados para ir a la guerra; no se puede recibir un orden de fuego sin antes haber derribado a algunos enemigos, para que el resultado sea sanguinario de verdad.



Las chicas que siguen fielmente a Dreamlore, no faltaron.

Estoy segura que el próximo llamado que será en el Megametal 2017 en Tegucigalpa, quizás Dreamlore logre su cometido al 100%.

Y lo lograron de verdad a nivel general, porque a diferencia de cómo suele suceder con las bandas de apertura locales en los conciertos de los grandes grupos internacionales tanto en Honduras como en El Salvador muchas veces; la gente más bien quería más de ellos.

“Gracias Centroamérica! Han sido un público espectacular! Esto fue Dreamlore!” gritó José Roberto Burgos al terminar el show.

Felicitaciones para los cuscatlecos, demostraron porque el rock y el metal de su país es categoría clase A desde la década de los 60s en nuestra región.



Felicitando al Palillo Burgos, cantante de Dreamlore, al final de concierto de Slayer.

Pasó poco tiempo antes de que se dejara caer el telón de Slayer con su retador mensaje a la religión organizada en su manta gigante: Jesucristo con su corona de espinas llorando y ensangrentado, rodeado de lo que yo llamaría el purgatorio, y a la derecha, la imagen de Cristo de nuevo pero esta vez sobre la cruz y un dragón, que es la portada de su más reciente disco “Repentless”.

Si no fuera porque se que es la portada de un disco de metal extremo, diría que es una pintura europea de siglos pasados,  realizada por un pintor ateo y genial, pero el autor es el carioca Marcelo Vasco, quien se inspiró vivamente en el título del disco.

Con puntualidad de verdaderos profesionales, a las 9:30 de la noche, el anfiteatro del Cifco comenzó a convertirse en un infierno de Dante y bajo la oscuridad y luces blancas y humo seco en el escenario y al son del tema instrumental “Delusions of Saviour” de “Repentless”; los miembros de Slayer fueron saliendo de uno en uno al frente de las congregaciones de fans de cinco naciones.



El escenario de la gira “Repentless” le puede causar incomodidad a muchos.

La “marea negra” los recibió con gran entusiasmo y alegría y cuando comienzan los “riffs” introductorios de la canción título de su disco “Repentless” que son verdaderamente alucinantes y como un clarín gigante llamando a la formación de un batallón para marchar a una lucha cruenta; el grupo se dejó ir con abandono y al minuto y fracción.

Los fans los recibieron con coros de machos alfas con puños levantados e inmediatamente el mar de teléfonos encendidos ansiosos de capturar el imperioso comienzo; se vió en todo el anfiteatro.

Me da pesar que el público no haya respondido con mucha más energía al coro de “Repentless”, el que se sintió fuerte en Bogotá, Colombia algunos días después.

El escenario se miraba genial bajo la gama de luces blancas y azules y me fijé que Tom Araya y Kerry King andaban con pantalones de cuero,  que no les quedaban ajustados y la sencillez del chileno me impresiónó.



Los dos máximos pilares actuales de Slayer, se vistieron de cuero para los centroamericanos.

Luciendo una camiseta gris oscuro de lo más sencilla y su barba ya canosa, con una expresión de dulzura que no se le quitó nunca a pesar de las líricas sombrías que cantó esa noche; Araya es la imagen de un hombre felíz que aunque ya no desea seguir de gira tanto como antes, supongo que porque ya se esta cansando y Jeff ya no está; es obvio que sigue disfrutando lo que hace.

En su caso, Kerry King, fundador oficial de Slayer; si es más “pintoso” para el escenario.

Con una camiseta gris oscuro del emblema del águila de Slayer en color plata y letras rojas; de su bolsillo colgaban unas sendas cadenas largas y plateadas que le quedan cabales a un hombre con su aspecto de “pocos amigos”.

No obstante, lo que llamá más la atención de King haciendo a un lado su grandioso dominio de la guitarra eléctrica, son sus enormes tatuajes en sus dos musculosos brazos.



El fornido guitarrista Kerry King no hace show; se dedica a concentrarse en su ejecución.

Cambió unas tres veces sus hermosas guitarras BC Rich a lo largo del concierto.

Liricista profano y todo un señor guitarrista.

“Repentless”, el que me pareció un perfecto tema de apertura;  fue co escrito por King como un homenaje a su compañero caído en la batalla contra la cirrosis hepática, Jeff Hanneman y representa como Slayer nunca se arrepiente de nada de lo que toca, y nunca pide disculpas.

Justamente así era Jeff, que por cierto este martes 2 de mayo, 2017 cumplió cuatro años de fallecido y que al escribirla, no se hizo con la intención de que el álbum se llamara así, pero quedó tan sólida, que decidieron más adelante bautizarlo así.



Slayer le dio buen espacio a sus temas del disco “Repentless” del 2015; pero enfatizaron en sus clásicos.

Lo que no soporto de este tema es el video; ese mini film de prisioneros matándose unos con otros y la gráfica masacre que toma lugar en un lugar confinado en donde llevan al prisionero al que le asesinan a su pareja enfrente de el; es demasiado fuerte para mi gusto.

Me parece muy fuerte para una banda que tiene tantos fans jóvenes; pero Slayer tendrá sus razones para haber sacado una producción tan morbosa.

Inmediatamente Slayer nos ofreció otra canción muy polémica como ser “The Antichrist” bajo luces moradas y amarillas y es cuando me fijé que el guitarrista Gary Holt,  es el único que tiene movilidad real en el escenario, porque Tom no puede por su doble labor y es evidente que King se concentra tanto en su “shreddring”, que prefiere mantenerse en su lugar sacando sus “riffs” infernales.



Tom Araya se sonrió varias veces en el concierto, porque se sentía complacido.

Y Paul Bostaph, aunque nunca pude verlo bien; nos dejó impactados todos y demostró que aunque el idolatrado Dave Lombardo ya no estaba y que sabemos que tuvo que soportar muchos reclamos a nivel mundial,  de que Slayer ya no era Slayer sin el y Hanneman; este batero de grandes ligas, probó con creces que los zapatos de su antecesor le quedan cheques.

Además, como ya lo saben, Bostaph no es un primerizo en la banda, el ya es de la familia.

Según me dijo a la salida, uno de los más grandes fans de Slayer que conozco, el productor y editor Darwin Laínez de Televicentro; “en ningún momento del show, me hizo falta Dave Lombardo. Bostaph se la voló completamente!”

Una de las canciones más agresivas y rápidas del metal; “The Antichrist” es otra más de las propuestas anticristianas de estas leyendas thrasheras; y habla abiertamente de la inminente existencia del hijo del diablo en el mundo, pero no nacido de el, sino que convertido por el,  para evitar la segunda llegada del Hijo del Hombre.



Un grupo de fans slaytánicos catrachos, posaron para la prensa guanaca.

Y para no quedarnos cortos en sacrilegios; Slayer se dejó ir bajo una atmósfera azul con la sólida y famosa canción “Disciple” del 2001, una favorita de los fans desde entonces, por ser un reflejo de la pura casta “slaytánica” y poblada de “riffs” potentisímos heredados de Jeff Hanneman y samplers que hacen que la rola se pueda hasta medio bailar.

Esta vez si escuché más interacción en el público respondiendo al coro de “God Hates us All!” que lideraba el gran Tom y se sontió una onda estremecedora.

Quizás se deba a que “Disciple” ganó un Grammy a Mejor Interpretación de Metal en su tiempo.



El anfiteatro Cifco vibró con las ominosas cadencias y riffs de este miembro de los Big Four.

Me encantó el solo que hizo Gary Holt en este tema, aunque quizás fue demasiado corto; y el reemplazo de Jeff Hanneman, no desilusionó a nadie, el tipo es buenisímo y con un porte muy apropiado para la banda.

A Holt le apreciamos sus guitarras LTD/ESP y Schechter de las que tiene modelos hechos especialmente para el, las que a veces se colgaba de la cabeza y hacía sus maromas.

Un hombre alto y de agraciada figura, Holt se mira muy bien en sus jeans oscuros apretados y su camiseta de un personaje del pasado estadounidense, que en la parte de atrás lleva impreso el nombre de su antigua banda Exodus, un amor que parece que no dejará de sentir jamás.



Gary Holt es el que tiene mayor movilidad y el de mayor sentido “fashion metal” de la banda.

Me fijé que Holt es el “fashion” de Slayer, porque parece que colecciona camisetas novedosas; fue el precisamente el que levantó admiración y ofensas en Estados Unidos cuando apareció tocando con una camiseta que decía “Kill the Kardashians”, una afrenta directa a la basura que son los “reality shows” y como el detesta que las celebridades actuales se basan en cuan grande tengan el trasero o los senos.

Paul Bostaph entró portentoso al inicio de la siguiente canción de la noche “Post Mortem” y bajo los “hey hey” de algunos fans; se armó la revuelta, porque es de mencionar que el “mosh pit” fácilmente se armaba en cualquier momento en medio de la zona VIP o en el extremo derecho.

Este clásico de 1986 siempre demuestra las grandisímas cualidades de bajista de Tom Araya y es una en las que siempre sobresale en la cantada.



Tom Araya declamó sus líricas siniestras y poesías mortales con la soltura de siempre.

Pero en mi parecer, esta morbosa canción sobre muerte es totalmente depresiva en su contenido; aunque hay que intentar no hacerle mucho caso a la letra, sino que solo dejarse llevar por sus dos tipos diferentes de cadencia,  claro; solo si no les gustan los temas de autopsias y cortes de cadáveres para examinarlos.

Sin duda, fue uno de los temas más reconocidos entre los fans que no están en la lista de las “de hierro”.

Y ya agarrando fuego el anfiteatro del CIFCO,  Slayer se deja ir con algo mucho más reciente como ser la no menos sacrílega “Hate Worldwide”, la que creo que es una burla al Cristianismo y una ironía hacia el odio que existe hacia otras religiones por parte de ciertos obcecados fanáticos.



Guatemala estuvo muy bien representada entre los presentes.

Volvemos a escuchar a Tom declamar, que para mi es lo que describe mejor lo que hace en el escenario, acompañado de esa atmósfera “demoníaca” que es uno de los atractivos de Slayer.

Y es en esta rola en donde podemos captar cuan enojado estaba Kerry King cuando la escribió  y eso se contagia, porque vi a dos hombres sin camisa cantándola con los ojos cerrados a todo pulmón,  mientras sudaban copiosamente, totalmente concentrados en lo que cantaba Araya.

Dicho sea de paso, durante buena parte del show, me llené del sudor de muchos hombres, porque estábamos pegados y a constantemente tenía que hacerme a un lado, porque se armaba revuelta y yo sinceramente, no soy de las que se mete en el ojo del huracán.



Los hombres que se retiraban la camiseta por el calor del “moshpit”; fueron muchos.

Para esta canción aproximadamente, es que observé una situación que me llenó de malestar.

Había un grupo de tres chavos, uno de ellos completamente “perdido”; que estaban intentando derribar las rejas que separaban a la entrada general de la sección Platinum.

El “perdido” de pelo largo y vestido de camiseta blanca, se estrellaba contra las rejas para irlas debilitando y los revoltosos del otro lado, le trataban de ayudar golpeándola para que fuera cediendo.

Terminó cayendo al suelo de lo “trabado” que andaba y se que después la reja terminó cayéndose, porque los relajeros siguieron golpeándola para ingresar de “choto” a la sección VIP y tuvieron que ser repelidos por la seguridad privada del evento, con la ayuda de algunos oficiales de policía.



Estos jóvenes intentaron derribar las verjas que separaban el VIP de las graderías.

Me di cuenta que el jefe de Two Shows estaba sumamente disgustado por el hecho (con toda la razón) y alguien lo escuchó decir que no quería volver a traer grupos de metal, porque este comportamiento era lamentable.

No creo que sea justo ni ético ni para el fan que paga más ni para el productor que arriesga su inversión, que vengan tipos sin escrúpulos que se dejan llevar por una loquera y destruyan la propieda privada y a la vez, atropellar los derechos de los demás.

Acto seguido,  Tom Araya se dirige a la audiencia por primera vez y nos dice:”Buenas noches!

Bienvenidos…..quiero agradecerles por la espera que han tenido a lo largo de los años para vernos.



El mayor revoltoso “derriba verjas” hasta se cayó al suelo de lo intoxicado que andaba.

Muchas gracias, ha sido un largo tiempo, no?

Y como es nuestra primera vez aquí, nos vamos a divertir, verdad?

Están listos?”

Y es cuando Slayer nos deja caer la gigantezca pieza de 1990 “War Ensemble”; se desata la guerra campal en el mosh bajo un aura azul intenso.

Un verdadero rompedor de cuellos, este tema combina erupciones de furia con partes mid tempo y un feeling de brutalidad marcial y por ende, se dice que se inspiró en el clásico de oro de la banda “Angel of Death”.



Tom Araya causó revuelo cuando dio el grito de “War Ensemble”.

Esta es una rola hecha para complacer a sus fans y por algo su video fue un detonante de rigor en el programa “Headbanger´s Ball, en aquellos tiempos en los que “Seasons in the Abyss” era declarado obra maestra.

Esta crítica terrible hacia la guerra, los bombardeos y el culto a la muerte fue recibida con pasión por toda la audiencia centroamericana presente en el anfiteatro del Cifco y fue la primera vez que vi a Kerry King moverse del lado derecho para ir a tocar cerca de Holt brevemente.

La banda nos regaló “When the Stillness Comes” la que cuenta con solos de guitarra disonantes, distorsionados y furiosos, otra obra más de Kerry King escrita estando bien “encachimbado”, aunque eso no se le note para nada en vivo.



Kerry King es una formidable máquina de riffs furiosos.

Quizás no es una gran canción en comparación con otras, pero el tema es interesante para los amantes de las mentes criminales, ya que habla sobre un tipo que se despierta en una escena de crimen y cae en cuenta que todos los que están tendidos; el los asesinó.

Y manteniendo el balance con su material más fresco, el grupazo angelino nos regala la frenética “You Against You” y considero que es una oda al autoengaño de muchos seres humanos y tiene un video con el mismo actor principal del macabro video de “´Repentless”

Esta rola desató otro buen mosh y cada vez miraba más hombres sin camisa bañados en sudor los que no dejaban de cantar o al menos lo intentaban.

Sin duda, una rola desternillante y furiosa en sus arreglos, que pone a prueba los talentos de Slayer, ya que es rapidisíma y agresiva.



Me foteé con el fan de Slayer más alto del concierto!

Con “You Against You” vi a varias mujeres cabeceando vigorosamente y corroboré como este nuevo álbum ha calado en la chavizada latinoamericana.

Un compatriota mío, gran metalero y con el que no estoy emparentada; Carlos Barahona, El Abuelo, andaba entre la multitud disfrutando de Slayer,  pero a la vez flameando su bandera nazi, lo cual incomodó a algunos fans y el solo se reía.

Claro, eso sería como creer que Tom Araya es realmente satánico solo por las líricas que graba y que interpreta en vivo.

Otro compatriota llamado Cristian Lobo de la zona norte hondureña, estaba grabando a Slayer con su celular, cuando por el “macaneo” del mosh que se movía en diferentes direcciones; su aparato salió volando y se le perdió, perdiendo todos sus recuerdos.



Diversos chavos se despojaban de la camiseta para estar más frescos mientras cabeceaban.

Se sintió totalmente decepcionado y para empeorar las cosas, su reloj también desapareció en el frenesí, pero el universo balanceó las cosas; porque cuando Paul Bostaph al final, lanzó una de sus baquetas en dirección a el, para la que saltó como todo un campeón y logró atraparla.

Por fortuna, al final del concierto, otros dos hondureños encontraron su cel y se lo devolvieron.

Me contaron que el robo de billeteras y celulares estuvo a la orden del día en el área VIP.

El abogado y ex cantante de la banda de death hondureña, Necrofilia,  Manuel Santos andaba algo “friquiado” por la pérdida de su costoso teléfono celular, así como el bajista de la banda de death hondureña, Tephros,  Christopher Sánchez, quien sufrió la misma pérdida,  pero este andaba más “bajado”, porque ahí guardaba fotos y videos irreemplazables de sus pequeñas hijas gemelas.



Me encontré al psiquiátra Mauricio Rovelo, felíz de ver a Slayer.

Como dicen “río revuelto, ganacia de pescadores; en este caso sería “en la revuelta, todos perdemos si nos descuidamos”.

Llegó el momento para una de las canciones más esperadas de la noche “Mandatory Suicide”, el que con sus “riffs” introductorios, se chupó  a todas las almas presentes en un aura de extásis, con sus líricas explícitas y grandiosos gritos de Araya.

Al escuchar este clásico de 1988, uno entiende claramente porque Slayer es una banda de culto, que no pierde su categoría sean cuales sean los cambios en el metal mundial.



Tom Araya captó toda la atención cuando entonó “Mandatory Suicide”.

Esta canción habla sobre los daños de la guerra a nivel moral, ya que es sobre un soldado qye mira a sus camaradas morir alrededor de el bajo el fuego alemán y narra la propia muerte del soldado desde su propia perspectiva.

Pero no faltan los que mal interpretan la rola, y la califican como una invitación al suicidio obligatorio como una solución a las penas.

Hasta unas tétricas camisetas se sacaron del supuesto mensaje de suicidio de esta gema ochentera, que resultan muy perturbadoras.



Esta canción que para nada habla de suicidio, no obstante ha motivado prendas muy controvertidas.

La revuelta fue grande y fue a la altura de esta canción en la que el carismático y super plácido Tom Araya se dirigió a los fans que comenzaron a corear el “Ole ole ole Slayer, Slayer!” y se emociónó.

Juntó sus manos y aplaudió  y dijo: “Muchas gracias” suavemente, con humildad, la que creo que es su más grande cualidad.

El chileno nacionalizado estadounidense de verdad que sintió el amor y dijo: “Que bonito” y luego en inglés dijo “Muchas gracias por cantarnos a nosotros.” y la gente empezó a gritarle con júbilo y comenzó a recitar el primer verso de la canción “ Dead Skin Mask”, y al comenzar la ejecución; se desató otra buena revuelta.

“Dead Skin Mask”, basada en la historia real de un asesino en serie, Ed Gein, quien despellejaba a sus víctimas y usaba su piel como trajes y de ahí se deriva su mote; puso otra nota contundente de la sangrienta noche.



Viendo muy de cerca al gran Tom Araya en este intenso concierto en San Salvador.

Un temprano clásico de Slayer siguió a continuación: “Captor of Sin” incluida en el EP “Haunting the Chapel” de 1984 y es una canción sacrílega que explica como el demonio se apodera de una persona que no se inmuta en pecar terriblemente y le ordena que abandone a Dios.

Fuerte mensaje, con mucho contenido chocante al buen estilo de Slayer, quien disfruta escandalizando a los adeptos a la religión,  que hacen girar su vida en torno a la misma.

Pero el público formado por creyentes, ateos, entre otras hierbas;  no se inmutó y le respondió a Slayer mientras King cabeceaba vigorosamente y Tom aun movido por la emoción; arremetía con sus declamaciones furiosas.

La verdad es que Slayer no se caracteriza por dar un espectáculo tan vibrante en movimiento,  trucos escénicos o dramatizaciones; no es ningun Iron Maiden o Judas Priest y mucho menos un Kiss.



Slayer tiene un espectáculo muy técnico, no le interesan los adornos.

Pero la música de ellos tampoco lo necesita, se esmeran en sus artes de discos, en los fondos de sus escenarios y en ejecutar con pasión su repertorio; nada más.

Slayer no es una banda show, es una banda de metal orgullosa de levantar controversia y de romper con los yugos de la opresión y la apariencia y es lo que menos le interesa.

Despúes Slayer se deja ir con la polémica “Pride In Prejudice” lo que se nota solamente con su título, una canción que se tardó veinte años en salir, porque Tom Araya la guardó para los tiempos de grabar el disco “Divine Intervention” y la llaman la mejor rola del nuevo “Repentless”.

Es un tema que toca el delicado tópico del racismo, de las diferencias sociales marcadas y todo el desprecio y la agresión que viene de parte de los que sienten estos peligrosos tipos de prejuicio.



La portada del controversial disco de Slayer del 2015.

En vivo el intro de este tema es muy sombrío, y Tom toma muy en serio esta interpretación; lo vimos entonar estas líricas que me hacen recordar escenas tétricas de un video muy perturbador, bajo luces moradas y azules.

El coro es toda una letanía que me hace imaginar a un heraldo negro que anuncia la llegada de los jinetes del Apocalipsis, con la intención de arrasar con la humanidad.

Pero con todo, la gente la recibió muy bien y Slayer de inmediato sacó una rola que esta en la lista de las diez peores canciones de la banda: “Vices” y forma parte del nuevo material.

Y bueno, Slayer sabrá porque le da dicha importancia a una canción que tiene líricas como “Un poco de violencia es la máxima droga; droguémonos!”



Me encontré también con el director de la empresa de seguridad privada Horus, Alejandro Nasser, en pleno desmadre.

Parecen palabras de Roddy McDowall en su personaje de “La Naranja Mecánica”, no de un hombre de 55 años, con hijos adolescentes y con fama de ser un excelente esposo, que vive con su familia y múltiples mascotas en un gran rancho en Tejas.

Obviamente como sucede con Slayer, no hay que tomarlo tan en serio; es solo más “shock value” cortesía de la banda.

Al término de la misma, la banda hace una pausa y sale del escenario.

Se coloca la nueva manta con el nombre del grupo y dos grandes cruces invertidas en color gris oscuro y con eso la gente, sabe de inmediato que lo mejor esta por venir.



Slayer cambió su decoración para el “encoré”, que traía lo más preciado del grupo.

Tras que el público vuelve a rugir por sus negros caballeros del metal, comienza la inhóspita “Seasons in the Abyss” de 1990, la que se caracteriza por sus abruptos vómitos de agresión pura.

Pero hubo un señorial silencio durante casi dos minutos mientras Slayer recorría la melodía introductoria y parecía lo que se tocaria en el funeral de alguien como King Diamond: pero luego cae como halcón a su presa con todo el estruendo de este clásico del thrash,  que cuenta con unos números de batería fuera de este mundo.

Segundos antes de que Araya comience a vociferar, el mosh se vuelve a dar y la raza canta con el; como se nota que esa si es una obra que la gente de Centroamérica conoce bien.

Imagino que todos alcanzaron a verla muchas veces en “Headbanger´s Ball” de MTV o en las grabaciones que quedan del mismo, especialmente porque fue el primer video musical que grabó Slayer.



Gary Holt no ocultó su amor por su ex banda Exodus.

El trabajo de guitarra en “Seasons” es excepcional y tiene un final catártico de tappings y manejo de wah wah y se cierra con la misma atmósfera lúgubre del inicio.

La locura no tiene tregua y la banda nos obsequia otro amado clásico “Hell Awaits” de 1985, canción de oro puro que se jacta de ser lo que es con un intro lleno de acoples y hasta mensajes subliminales que se grabaron precisamente para alarmar y asustar a los que se ponen a escucharlos al revés, en su tarea de juzgar y calificar la música para advertir a los padres de familia, sobre los grandes peligros que corrían sus hijos en los 80s por escuchar heavy metal.

Todo el escenario se cubre de rojo y los chavos levantan sus puños y gritan “Hey! Hey!” Al ritmo de la gigantezca batería de Paul Bostaph, mientras vuelan brazos y patadas certeras.

Recuerdo haber visto la bandera de Honduras ser levantada en alto en algún lugar del área VIP cuando salió “Hell Awaits”.



Cuando Slayer se lanzó con “Seasons in the Abyss”, hubo conexión total con los fans.

Que rica esa rola! Con uno de los riffs de guitarra más furiosos y rápidos de Slayer.

Y controversial al máximo, ya que su letra habla sobre como Dios sucumbirá totalmente, pero como todos los que siguen al diablo terminarán igual.

Un éxito más de esa noche de Slayer, un tema indispensable en el repertorio; aunque hayan algunas canciones aun más esperadas por todos.

Sin duda, la música de Slayer no es apta para muchas personas y yo misma me pregunto a veces como puede gustarme tanto este grupo que le tira tan duro a mi fé católica.



Fue muy agradable encontrarme a mi buen amigo,  Miguel Alfaro, bajista de Crows Crown.

Pero luego recuerdo que nada de eso me afecta, porque para mi es entretenimiento y nada más; mis convicciones nunca se han alterado y simplemente disfruto la música, que está asombrosamente bien diseñada.

Cuando los ominosos riffs de “South of Heaven” se dejan sentir en los amplificadores gigantes del anfiteatro; todo el mundo corre a grabar esta canción, una de las que podrían denominarse épicas del repertorio “slaytánico” y se escuchan los coros de algunos canturreando el intro.

El escenario iluminado de morado y azul se enciende con luces blancas sobre los músicos y lo que mi mente parió en un momento dado fue que estaba en un coliseo romano y que en ese momento hacía su entrada un carromato tirado por corceles dorados que conducían a un dios joven del Olimpo, que ha bajado a saludar a los mortales.

Me fijé que en una ocasión Tom cantó el coro sin guitarras acompañándole, casi “a capella” y más adelante, se sintió el grupo de voces entonando el legendario “On and on South of Heaven!!



Sin duda, Slayer sintió el amor de los centroamericanos, cuando tocaron las rolas de “hierro”.

Imagino que para Slayer ese fue un coro muy tímido para una de sus canciones más idolatradas, nada que ver con los monumentales acompañamientos que le da la audiencia a los clásicos de la banda en países como Brasil, Argentina y no digamos Chile, la patria de Tom.

Es una canción retadora que habla sobre la segunda venida de Cristo y como las nuevas generaciones frustradas, se juntan en una nueva fé.

Nada de lo que se pueda platicar con los compañeritos en la escuela dominical.

Y muy apropiadamente, el escenario se tiñó de rojo profundo,  cuando Paul Bostaph llena el anfiteatro con los gigantescos toques machantes de “Raining Blood” y la gente gritó emocionada.



Un fan salvadoreño de Slayer, que es muy alto, que no es amigo de las fotos; se dejó tomar esta para el reportaje.

Cuando caen las guitarras y el temible bajo de Tom, las luces blancas y moradas los iluminan y se dispara con la que es indudablemente, la segunda más amada canción de Slayer.

Y el sacrilegio flota en el aire al escuchar esas líricas profanas sobre llegar a ser lo suficiente fuertes para derrotar el mando en el cielo y regir en el mismo.

Esperaba un wall of death, pero no pasó más que el típico mosh a pesar de que esta es metralla completa.

Si, sin duda, los centroamericanos necesitan más entrenamiento para la batalla.



Desde el balcón de prensa del anfiteatro Cifco viendo el comienzo del show de Slayer.

Pero no voy a ponerme a decirlo con desdén, para nada.

Nuestro territorio aun es virgen en el terreno de los dioses del metal extremo del “mainstream” y no voy a ponerme a juzgar a una raza que se escapó del trabajo para ir al show de Slayer, que llegaron enfermos para verlos tocar, a gente que ahorró desde comienzos de año para poder hacerse presente y algunos recorrieron largas distancias internacionales para llegar.

Gente que arriesgó sus posesiones materiales por meterse en la línea de fuego que además dejó muchos moretones, golpes en los ojos, dolo de cuello extremo, dolor de espalda,  relojes robados, y estoy segura que más de alguno se quedó sin zapatos y muchos sin voz.

Y esta misma raza al son de “Raining Blood” levantó sus puños cerrados en alto y apoyó con coros de hombre a Slayer en una parte, lo que compensó la falta de fuerza en el mosh pit y en las cantadas en otras canciones.



No sé si llegó toda la audiencia que se esperaba, pero si llegó muchisíma gente.

Lo bueno es que eso no fue obstáculo para que los Slayer, especialmente Tom, se llevaran una muy buena impresión de este lado de Centroamérica.

Pero quizás lo más importante es como disfrutaron la revuelta, los chavos que se aventuraron al mismo, ya que vi a más de uno con las camisetas de Slayer desgarradas y orgullosamente me dijeron “Efectos de guerra”.

Otros salieron sin camiseta totalmente porque o se las robaron al quitársela o se las rompieron.

Jamás olvidaré com retumbó en esta canción la portentosa batería de Paul Bostaph.



Varios se quedaron sordos con las últimas dos canciones de la noche.

Y luego Slayer se encaminó al penúltimo escalón de lo que sería su estrepitoso cierre.

La desternillante “Black Magic” comenzó con las palmadas de muchos que luego se convirtieron en puños en lo alto,  mientras se dejaba ir otro orgasmo de testosterona en el VIP del anfiteatro.

Que rola más rápida, con riffeos salvajes, latidos acelerados del bajo de Araya aunados con esa serpenteante batería de Bostaph, todo un acoso a los sentidos.

“Maldita noche de magia negra” vocifera Araya.

Ni más ni menos!



El set list salvadoreño.

Y como todo lo buen tiene que terminar, Slayer probó que siempre anda con las botas puestas,  y deciden poner a temblar el local al mero final con el espectacular “Angel of Death”, la canción que hace un recuento del perpetrador del Holocausto Nazi, el doctor Josef Mengele, prueba de cómo Slayer se ha interesado no solo en los horrores cósmicos, sino que también en las pesadillas de la vida real y hasta en temas sociales urgentes.

“Angel of Death” retumbó en la noche y ahí si creo que los niveles de adrenalina subieron al tope de lo que la noche fue capaz de dar.

“Grand finale” para el cuarteto más profesionalmente ofensivo y musicalmente extremo del thrash metal.

Toda una lección de metal ultraviolento.



Slayer inauguró su gira latinoamericana “Repentless” en San Salvador.

Los señores de Slayer hicieron los honores regalando sus uñas y baquetas, y los afortunados no tardaron en compartir sus tesoros en redes sociales.

Recordaremos la robusta figura del peloncito Kerry King, quien al ser el último en salir del escenario, se despidió de nosotros alzando ambos brazos en señal de victoria, porque cada concierto cumplido y sellado con sudor y sangre; es compartido con los que lo hacen posible: los fans.

Algunos no quisieron tomarse fotos ni grabar videos para no perderse ni un segundo del show, bien por ellos!

Quizás hizo falta más devoción slaytánica de los seguidores, porque muchos abandonaron el local cuando la banda se despedía y la verdad, hay que agradecerles de pie y con todo amor.



Fue una gran noche de metal!

Quizás el cansancio y el dolor corporal obligó a muchos a irse, pero hay que aguantarse para que la banda se lleve ese momento, que no tiene forma de repetirse.

Lo que brilló también fue la hermandad entre países, ningun daño físico a propósito reportado; se sintió el respeto hacia el hermano de la par y a las mujeres que se atrevieron a entrar al mosh o a andar cerca de los grupos de hombres inquietos; se les respetó como debe de ser.

Así debe ser cada toque internacional en Centroamérica, una fiesta de convivencia y de compartir la pasión que nos une.

No importa que yo haya visto a un supuesto reggaetonero cabeceando entre los “metal heads” ni que anduviera en el concierto, una chava con una camiseta del reggaetonero Ozuma.



Los fans salvadoreños de Slayer “calentaron motores” antes de ingresar al show.

El metal es paz y respeto!

Bueno, gracias por leerme y los veo al sur del cielo!



Hasta una fan del reggaetón se llegó al concierto de Slayer!





Extra Entretenimiento promovió mi viaje a El Salvador a cubrir el conciertazo de Slayer, gran éxito para Two Shows.



Los hondureños que asistieron mostraron sus boletos orgullosamente en redes sociales.



Los memes de la gente “destruida” al día siguiente del concierto de Slayer, no se hicieron esperar!